Veleros de papel


Había una vez un náufrago que no quería salir de su isla. Cuando una goleta llegaba a la costa, él sólo pedía, si era posible, que le dejasen algunas botellas vacías y las hojas de papel que ya no empleasen. Si un grumete curioso le preguntaba que por qué no quería embarcarse, volver a Venecia o a Roma, él se encogía de hombros, como pidiendo paciencia con un viejo chiflado, y le hablaba de un babuino que vio una vez en una taberna, sentado en un rincón sobre una barrica; un mono curioso, tocado con un fez lleno de parches, que fumaba en una pipa de caña como si no hubiera otra cosa mejor en el mundo. Hacía anillos y nubes de humo, y los observaba flotar y desvanecerse mientras su amo bebía y gruñía, buscando pelea.

–Yo, mio caro pirata, me dedico a escribir lo que voy discurriendo –sonreía, trazando formas absurdas con un palito en la playa–. Lleno el papel de tachones, lo emborrono de espirales y garabatos, ¿has visto el vuelo de una libélula, o los saltitos que dan las urracas? Luego hago un barquito y lo suelto en el mar.

Los marineros volvían al barco; y mientras partían, él les decía adiós con la mano. «Addio, figlioli!, tanti saluti!» Y seguía haciéndolo hasta que la última bandera azul y doraba ondeaba más allá del horizonte, siempre con la misma sonrisa sin dientes.

–Vivo sin tener que vestirme, tengo fruta, agua dulce; por las noches me tumbo en la arena templada y contemplo la luna. Veo cómo las estrellas avanzan como un millar de tortugas buscando las olas, el canturreo regular del océano. Más tarde, me quedo dormido.

»¿Dónde, en Venecia o en Roma, podría hacer lo que hago?

 

DOMINGO ALBERTO MARTÍNEZ ©

Si te ha gustado este relato, Un ciervo en la carretera te va a encantar.

Clica aquí y descúbrelo.

Anuncios

Un ciervo en la estantería


¡Por fin!, ¡ya ha llegado el día! Hoy, viernes 18 de enero, comienzo de la mano de Libros.com una campaña de crowdfunding cuyo objetivo final es conseguir que se publique Un ciervo en la carretera, mi última obra. ¿Y qué es Un ciervo en la carretera?, os preguntaréis los más impacientes. Pues se trata de una antología de relatos, una selección con los textos que he ido escribiendo durante los últimos años; relatos ágiles y entretenidos, aderezados con un toque de humor y alguna que otra sorpresa, que se pueden leer del tirón mientras vas al trabajo en el metro o en el autobús. Igual que esta bitácora, son relatos escritos para gente que va leyendo a trabajar.

Estoy impaciente y emocionado, no puedo evitarlo; es una sensación extraña, de efervescencia y responsabilidad a la vez, como cuando gané mi primer premio literario, hace ya veinte años. Desarrollar una campaña de micromecenazgo es algo totalmente nuevo para mí. Además, sólo tenemos un mes de plazo… y aún quedan muchas cosas que hacer. Así que ¡manos a la obra!

Cuento con vosotros y con vuestro apoyo. Entrad en Libros.com para saber más sobre el proyecto y, si os gusta cómo escribo, si os gustan mis relatos y queréis leer más, no dudéis en difundir la campaña en vuestras redes sociales.

 

[Clica aquí para saber más sobre Un ciervo en la carretera]

 


un ciervo en la carretera - portada
Portada de Un ciervo en la carretera

«La venganza de don Mendo»


La venganza de don Mendo es una astracanada, una de las comedias más conocidas y divertidas del gaditano Pedro Muñoz Seca, víctima como tantos otros de la barbarie del 36. La vemos en la versión que se grabó para Estudio 1 en 1972, con Tony Leblanc, Fernando Guillén y Manuel Alexandre deleitándonos con sus interpretaciones.


 

Todo lo que sube


   Había una urraca frente a ella, dando saltitos sobre el tablado, con la capucha negra de la cabeza y las plumas azul metálico de la cola. Recordó cuando era niña, los jardines del palacio de Schönbrunn, cómo corría persiguiendo a los gansos, cómo se caía y rodaba por la hierba, gritando, riéndose, salpicando agua a sus caniches en la orilla del estanque, mientras su preceptor, el abad de Vermond, la amonestaba inútilmente. ¡Valiente entrometido!, ¡ese viejo cascarrabias!, ¡aquella panza con peluca! Le señalaba el cielo con un gesto admonitorio, estaba anocheciendo, y le reprochaba que hubiera vuelto a descuidar sus lecturas, el estudio concienzudo de Lactancio, que se quedaba otra vez para mañana, y las fábulas comentadas de Monsieur de La Fontaine.

   El chasquido de un mecanismo, ¡clonc!, y la urraca que salió volando, espantada por los gritos de la muchedumbre, pour la liberté!, vive la Révolution!, cuando la cabeza de María Antonieta cayó rebotando dentro del cesto de mimbre como un atadijo de ropa.


 

La Hoguera de los Libros te desea… ¡feliz Navidad!


«La Navidad en mi casa es, por lo menos, seis o siete veces más agradable que en cualquier otro sitio. Empezamos a beber temprano y, cuando el resto de la gente ve a un solo Santa Claus, nosotros vemos por lo menos a media docena».

W. C. Fields (malabarista y actor norteamericano)


 

MOMENTOS ESTELARES DE LA HISTORIA. 1864. CUSTER SE ENCIENDE UNA PIPA SENTADO EN SU MECEDORA JUNTO A LA CHIMENEA Y, CUANDO SU ESPOSA NO MIRA, SE HURGA EN LA NARIZ CON DISIMULO.


Como decía el general Custer, «el único indio bueno es el indio… oye, Libbie, ¿cómo dices que se llaman estos zapatos? ¿Mocaqué? ¿Que si son cómodos? ¡La madre del pato! Cómodos no, lo siguiente. Parece que estés andando sobre una alfombra de piel de bisonte. Mocasines, ¿eh? ¿Y a quién dices que se los has comprado?»


Custer - 2

Fin de la historia


   Cuando Blancanieves se despertó de la siesta, el bosque donde los enanitos tenían su cabaña era un gimnasio, un McDonald’s, una montaña rusa gigante, tres mil plazas de aparcamiento para coches, motos, bicicletas, minusválidos, y siete plantas de centro comercial.