Olvido


Mi hermana chillaba todas las noches como si la estuvieran ahogando; chillaba y pataleaba en la cama y no me dejaba dormir. Cuando mi madre entraba en el cuarto, yo me escurría entre las sábanas mientras mi hermana tosía y tosía e intentaba recuperar el aliento. Ahora mi madre tiene alzhéimer y está en una residencia. Los fines de semana paso algún rato con ella. Le hablo de la vida, y a veces de mi hermana, de cuando éramos crías. Entonces ella se crispa, igual que si le hubiera pinchado con un alfiler; se vuelve hacia mí y me observa con sus ojuelos grisáceos.

–Olvido, hija mía –me dice, muy seria, con voz temblorosa–. Tú nunca tuviste una hermana.


 

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5 comentarios sobre “Olvido

  1. Admiro tu fluidez. Bueno en pausas y puntuación, un gusto. De mi escasa narrativa es esto:

    Erase una noche fría de invierno.
    Las lechuzas estaban recogidas, lluvia caía al suelo, la niebla y la bruma eran intensas, sólo una sombra caminaba por la calle, era la muerte.

    Cuando la luna sale los vampiros y los murciélagos están cazando.
    Era la noche yerta, los ataúdes se abrían, pero solo para que entrasen los cuerpos de la epidemia que asolaba a la ciudad.

    La vida del gusano Juan era muy sencilla. Él vivía dentro de una almendra y tenía suficiente comida para hacerse adulto y hacer la metamorfosis a los meses siguientes.
    La hizo y nació de la pupa un hombre con vocación política.

    Era la noche de los gusanos todos estaban bebiendo licor de hojas en la cantina.
    Pero un escarabajo encadenó la puerta de la cantina y la prendió fuego con todos los gusanos dentro, los escarabajos recogieron la carne braseada y tuvieron despensa llena para pasar el invierno.

    Soslayada la flor del cielo, abría los caminos de la vida eterna, una polilla como una hoja de adelfa caminaba el cielo corrió hacia la luz estrella con ímpetu y brío hasta estamparse en ella, se formó entonces el hueso de luna que todos vemos.

    Era una noche de cristales rotos, los lentes míos cansados reposaban sobre el escritorio, miré al espejo no reconocí al que estaba sentado, pregunté ¿Quién está ahí? Aturdida contestó una voz: Soy el que nunca serás, porque siempre has sido yo mismo.

    Eco sordo en alta voz resurgía entre la ceniza de su cigarrillo, no tenía manera de saber sólo apostaba al nivel de la montaña, quiso conocer pero una mala oración se llevó su tormento dulce a la entraña del frío áspid.

    Belleza si acaso estuvieses forjada, quién sería tu padre quién tu madre, inconmensurable por infinitud de sendas ella abrió sus parpados viendo su reflejo en el lago, sólo de la impresión acudieron todos los peces de colores a besar su imagen, llevándola a su profundidad.

    Se rezoga por acres difusos, donde vuelan polillas de las tierras, de una flor nació una polilla de cemento con la esencia de las ciudades que dijo la oscuridad por poder te puede pero la realidad es que me supera.

    el Castellano

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